"Confiar en Dios también es aprender a soltar"
Hay momentos en los que nuestra mente se llena de preocupaciones. Queremos tener respuestas, controlar lo que sucede y asegurarnos de que todo saldrá como esperamos.
Pero ¿cuántas veces nos desgastamos intentando controlar aquello que no está en nuestras manos?
Para mí, la fe es recordar que no tengo que sostenerlo todo sola. Que puedo hacer mi parte, entregar mis preocupaciones a Dios y confiar incluso cuando todavía no comprendo lo que está sucediendo.
Confiar no significa que nunca atravesaremos dificultades, sino aprender a vivirlas sin perder nuestra conexión con Dios y con nosotras mismas.
Tus pensamientos también influyen en tu realidad
Desde la psicología y la neurociencia sabemos que nuestros pensamientos influyen en cómo nos sentimos, interpretamos las experiencias y actuamos.
Cuando repetimos constantemente «no puedo», «todo va a salir mal» o «no soy capaz», podemos alimentar el miedo y la inseguridad.
Pero cuando aprendemos a dirigir nuestra atención hacia pensamientos más conscientes y constructivos, podemos desarrollar nuevas formas de responder.
No se trata de pensar positivo todo el tiempo, sino de elegir qué pensamientos queremos alimentar y desde qué lugar queremos actuar.
Y para mí, la fe es una forma de regresar a esa confianza.
Un pequeño ritual para volver a Dios
Dedica unos minutos a estar en silencio. Coloca una mano sobre tu corazón, respira suavemente y pregúntate:
¿Qué preocupación estoy sosteniendo hoy que puedo entregar a Dios?
Después, desde tu corazón, repite:
Padre, hoy vuelvo a ti.
Te entrego mis preocupaciones, mis miedos y aquello que no puedo controlar. Dame claridad para actuar donde sí puedo hacerlo y confianza para aceptar lo que todavía no comprendo.
Gracias por la vida, por lo que tengo y por acompañarme en cada etapa de mi camino.
Permanece unos instantes en silencio y reconoce algo por lo que puedas sentir gratitud hoy.
Recuerda: tener fe no es esperar que todo suceda como deseas. Es aprender a caminar con confianza, incluso en medio de la incertidumbre.
Haz tu parte, agradece lo que tienes y permite que Dios sostenga aquello que hoy no puedes resolver.
